jueves, 9 de diciembre de 2010

TIERRAS DE ORIGEN 3. DIVERSIDAD ETNICA EN RUSIA

La popularidad de la que goza Rusia como TIERRA DE ORIGEN la hace más que merecedora de que profundicemos en el análisis del crisol de razas en el que se ha convertido, ya que es una de las características que más expectación genera entre las familias adoptantes: La cuestión de los rasgos étnicos de los menores adoptables.

Nuestra ley 54/2007, de 28 de diciembre, de Adopción Internacional en su artículo 10 establece que “la declaración de idoneidad requerirá de una valoración psicosocial sobre la situación familiar y su aptitud para atender a un menor en función de sus singulares circunstancias, así como cualquier otro elemento útil relacionado con la singularidad de la adopción internacional. En el proceso de declaración de idoneidad, se prohíbe cualquier discriminación por razón de discapacidad o cualquier otra circunstancia”.

Hay un hecho que no siempre asumen las familias y es que nadie está obligado a adoptar, es un deseo de los padres que se corresponde con el derecho inalienable de cualquier niño a tener una familia.

Por todo ello, lo que pretendemos aquí es aportar elementos de reflexión para aquellos que estén en el proceso de elegir un país, o, a aquellos otros que, habiendo ya elegido a Rusia como TIERRA DE ORIGEN, sean informados convenientemente de que una de las características que determina el perfil de los niños rusos, cada vez con mayor impronta, es su muy diverso origen étnico.

Diciembre 2010



Decía el admirado antropólogo Caro Baroja, Don Julio, que la Historia y el alma de los pueblos venían dadas, en buena parte, por su geografía. Por lo tanto podemos asumir que esta ha determinado el azaroso devenir histórico de Rusia y con ella las muy diferentes etnias que han configurado su población. Por lo que, atendiendo a las palabras del maestro, partiremos de la realidad irrefutable de la exagerada desmesura de este vastísimo país recorrido a su vez por un clima del todo inclemente para poder familiarizarnos, aunque solo sea brevemente, con su Historia, y así entender mejor la gran diversidad étnica que su propia dinámica poblacional ha ido generando:

Tras la descomposición del Imperio Romano y la consiguiente eclosión de los bárbaros, multitud de pueblos se dispersaron y muchos de ellos, los llamados “slav” o eslavos orientales, de obvia etimología latina, se fueron asentando en lo que hoy en día entendemos por Ucrania, Bielorrusia y Rusia propiamente dicha.

En el siglo X se funda un primer intento de Estado, la Rus de Moscú, o el Principado de Moscú con fuerte influencia de los restos del Imperio Romano de Oriente, de Bizancio. Pero una época aun más oscura y fría que el Medievo europeo acabó con la desintegración del Principado en diversos estados menores al no poder resistir la invasión mongol en el siglo XIII. Tenemos por lo tanto aquí una primera fusión étnica entre los llamados eslavos y los mongoles seguidores de Gengis Khan.

Aislados del resto de Europa, los rusos o russkis se fueron poco a poco extendiendo hacia el Este, cruzando los Urales. Hay vestigios que demuestran que antes que los españoles y portugueses alcanzaran Japón y Filipinas, exploradores rusos habían llegado a la costa del Pacífico en precarias expediciones en trineo que duraban años de azarosas aventuras con el ánimo de ir asentándose en los mejores territorios de caza.

Sin embargo, la formación de verdaderas naciones y estados modernos en la parte noriental europea se fue completando con un retraso de dos o tres siglos con respecto a las partes más meridionales del continente: A principios del siglo XVI, enormes extensiones situadas al Norte de los Cárpatos estaban fragmentadas en multitud de pequeñas comunas de fronteras inciertas y de marcado carácter medieval. Rusia seguía intentando asentar una monarquía embrionaria, mientras que en el Sur de Europa había ya verdaderos estados con vocación de consolidarse en imperios.

A finales del siglo XV, Iván III de Moscú, llamado el Grande, casado con la hija del último Emperador de Bizancio, quiso continuar con la tradición romana proclamándose Cesar (Zar). Forjador del estado ruso, se impuso a los beligerantes y autónomos boyardos convirtiéndoles en una nobleza adicta a su corona, y confiriéndoles asimismo poder y privilegios.

Mientras tanto, los tártaros ocupaban Crimea y el sur de Ucrania; por su parte, los lituanos,- interesantísima fusión de turanios y teutones gobernados por una Orden militar de caballeros germánicos-, impedían a los rusos que su proyecto de expansión se abriera hacia el oeste, cerrándoles el vital acceso al Báltico.

Iván III y los boyardos lograron doblegar a los tártaros ocupando los territorios de Kazán y Astrakán. Tras su muerte, una sucesión conflictiva de herederos inútiles le sigue una muy meritoria regencia de Boris Godunov que sería luego investido Zar. Godunov pasaría a la Historia no solo por consolidar las relaciones de servidumbre de los campesinos sino también por irse abriendo paso hacia el Báltico y civilizar las fronteras orientales de Rusia. Su legado fue a parar, tras otras sucesiones endebles, en manos de Miguel, el primer Romanov ya a principios del siglo XVII.

Pero no sería hasta el advenimiento de Pedro el Grande, a caballo entre el siglo XVII y primer cuarto del XVIII, con el que se consolidaría el Imperio Ruso y con él un modelo demográfico que sentaría las bases a una multidiversidad étnica, tal como lo entendemos hoy en día. Promovió la occidentalización y la consolidación de una política expansiva en todas las direcciones. Sus ansias modernizadoras le llevaron a viajar por Europa de donde se trajo no pocos asesores que le ayudarían en sus ambiciosos proyectos: Ganar salidas al Báltico luchando contra los suecos y consolidarse en las tierras tártaras hasta el Mar Negro, por aquel entonces en manos del poderoso Imperio Otomano.

En la segunda mitad del XVIII, Catalina II, La Grande, mujer ilustrada que, al parecer, se carteaba con los más insignes enciclopedistas franceses, siguió la política expansionista de Pedro el Grande centrándose en Polonia y Turquía, y llevando sus fronteras hasta Crimea, Ucrania, Bielorrusia y los Balcanes. Por Siberia logró ir consolidando posiciones en Kamchatka y las Islas Kuriles, configurando así al Imperio con una forma y dimensiones relativamente parecidas a las actuales de la Federación Rusa.

Cabe mencionar un hecho acaecido en 1861 de gran trascendencia en los movimientos migratorios y por lo tanto favorecedores de una dinámica de fusión interétnica. Nos referimos a la emancipación de los siervos que, previo pago, se verían manumitidos de su vinculación física, jurídica y económica que, secular e irremisiblemente, les habían unido a sus respectivos terratenientes: Unos veinte millones de siervos verían así abiertas las posibilidades efectivas de desplazarse por el vasto territorio ruso en busca de su porvenir. Todo ello supuso una ingente y pacífica oleada migratoria que aportaría sangre nueva a las nuevas regiones que poco a poco se iban ocupando por el Este.

Con la llegada de los soviets al poder en 1917 los desplazamientos voluntarios de población fueron prohibidos. Por el contrario, se produjeron masivos movimientos migratorios obligatorios en el interior de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas que respondían a múltiples causas: Por motivos de trabajo “programado”, convulsos desplazamientos militares durante la II Guerra Mundial y los años posteriores, amén de las tan conocidas como forzosas reclusiones siberianas.

Todas estas diásporas de la era estalinista afectarían a varias decenas de millones de personas y cuyas consecuencias demográficas en absoluto serían desdeñables para el modelo etnográfico ruso y la diversidad que le caracteriza.

Con la desintegración de la URSS y la formación de la Federación Rusa en 1991 se restablece la total libertad de desplazamientos por todo el territorio federal. La prohibición durante décadas de tales movimientos en libertad hizo eclosionar una dinámica de intercambios poblacionales que, espoleados asimismo por la creciente globalización, han supuesto otro renovado impulso a la multidiversidad étnica rusa.

Podemos entender también que esta multietnicidad supone la manifestación perfectamente consolidada del modelo expansionista fundacional promovido desde la época de Pedro el Grande y cuya singularidad más determinante es la progresiva asimilación cultural de los diferentes pueblos que se le han ido incorporando.

Por lo que a modo de resumen podemos concluir que este crisol multiétnico ha ido generándose en sucesivas oleadas de rusos étnicos (los russkis) que se fueron dispersando por todo el continente euroasiático en los últimos cinco siglos y fusionándose lentamente con las minorías étnicas locales que se iban encontrando en su camino, por unas tierras que cuanto más al Norte y más al Este, más despobladas las encontraban:

Cazadores primero, soldados después; siervos liberados, desplazados de primera, como los científicos destinados a aquellas enormes ciudades de la ciencia que proliferaron en Siberia durante el siglo XX; desplazados de segunda, como los que fueron trasladados a remotas tierras para la construcción de una gigantesca red de infraestructuras y, por supuesto, reclusos de toda clase y condición que fueron también destinados a Siberia desde que Catalina la Grande instituyera esta práctica tan represiva como habitual durante más de dos largos siglos de la Historia de este país. Azarosos desplazamientos todos ellos que, sumados a las enormes distancias existentes, raras veces eran de ida y vuelta, y por lo tanto suponían una integración definitiva en el nuevo territorio. Últimamente, asimismo habría que añadir a un amplio colectivo que ha ido a su vez desplazándose hasta los vastos y ricos territorios nororientales que van desde los Urales hasta el Pacífico, buscando fortuna o simples oportunidades laborales.

Y todo este conjunto de orígenes multicausales han configurado este lento proceso “colonizador” hacia el Este, relativamente parecido en términos migratorios a la “Conquista del Oeste” acaecida en los USA durante el siglo XIX. Es decir, de la presión demográfica realizada en “razonable armonía” por parte de un colectivo étnico dominante (los russkis) sobre unas tierras muy despobladas en la que originariamente predominaban otras minorías tecnológicamente menos avanzadas.

Hay obviamente excepciones a esa supuesta armonía o al menos menor violencia expansionista que en otros modelos históricos. Sin embargo, por regla general, debemos de admitir que recientemente las manifestaciones de identidad étnicas, culturales y religiosas han sido debidamente atendidas con la creación de repúblicas independientes tras la desintegración de la URSS. Y aquellos conflictos de convivencia intercultural e interétnica que han sobrevivido en el seno de la actual Federación Rusa nunca, en términos generales y salvando sonadas excepciones, han supuesto unas tensiones irreconciliables y tan reconcentradas como las habidas, por ejemplo, en la antigua y reducida Yugoslavia.

Cabe reseñar que a todo este mestizaje étnico habría que sumarle el siempre delicado componente religioso, puesto que casi un 20% de la población de la Federación Rusa pertenece a diversos orígenes islámicos, con todo el potencial cohesionador e identitario que estos conllevan.

Una vez analizadas las causas históricas de la multietnicidad rusa en este TIERRAS DE ORIGEN, dejaremos para mejor ocasión el aburrirles con la descripción concreta del modelo demográfico y étnico ruso con sus correspondientes estadísticas regionales. Sin embargo, nos comprometemos a que, en una próxima entrega de TIERRAS DE ORIGEN, analizaremos pormenorizadamente la riquísima diversidad étnica de una de las regiones favoritas de nuestras familias: La lejana Khabarovsk.

Y siento mucho si esta farragosa lectura haya podido desconcertar un tanto, o, más bien, dejar helados a los que todavía quieren creer que casi todos l@s rus@s son poco más o menos que la hermana gemela de una conocida tenista,- rubia para más señas-, esbelta, de ojos azules y cuyo elegante y altivo porte modélico puede llegar a ser para estos también la viva imagen de la mayoría de los menores que de allá provienen.

Porque, en realidad, lo que hemos pretendido con estas líneas es intentar sentar las bases para erradicar ese desafortunado tópico de nuestro ámbito adoptivo. Descubrirles asimismo estas interesantísimas TIERRAS DE ORIGEN configuradas por un grandioso mosaico de gentes de procedencias culturales y étnicas muy diversas y a la par que desconocidas para la mayoría. Tratar de concienciarles a su vez para que haya cada vez menos “caras”, aunque solo sean estas de sorpresa, cuando, en ese momento tan ansiado que resulta ser la presentación de la asignación del que va ser su hijo, este pudiese presentar algún rasgo con componentes de una de las muchas minorías étnicas de este colosal país.

Presentarles finalmente a un colectivo de niños adorables de la inmensa viña rusa del señor en la que nos podemos encontrar de todo: Además de una mayoría russkis o eslavos,- tan rubios y mucho más guapos que la cotizada tenista,- otros muchos, y sin desmerecer para nada a los anteriores, sino todo lo contrario, pudieran tener en mayor o menor medida rasgos tártaros, bashkires, osetos, buriatos, jakasios, yakutos, nanai y de un largo etcétera hasta completar las 176 etnias oficialmente reconocidas en este descomunal país y que, según muchos y renombrados etnólogos, su número real puede exceder ampliamente de las 200.

No podemos concluir sin mencionar a modo de corolario que el “TERRITORIO CREIXER JUNTS” desde que comenzáramos en 1997 en la Federación Rusa también ha ido extendiéndose hacia el Este, hacia las zonas donde tradicionalmente habitan estas minorías, llegando a cubrir todo su arco meridional hasta alcanzar el Pacifico. Y si bien es cierto que las últimas estadísticas oficiales disponibles,- que datan del ya lejano 1989-, muestran que un 81 % de la población de la Federación Rusa es de origen eslavo-, no podemos dejar de recalcar el creciente proceso de mestizaje multirracial que va configurando la realidad rusa actual. Por lo que podemos afirmar que nuestras gélidas TIERRAS DE ORIGEN, caracterizadas por sus infinitos horizontes geográficos y culturales y de donde proceden nuestros maravillosos ciudadanitos rusos, tampoco se han quedado al margen de esa dinámica demográfica integradora.

Hasta pronto familias.



Fernando Diago

Coordinador Internacional de CREIXER JUNTS
creixerj@creixerjunts.org Asunto: TIERRAS DE ORIGEN